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sábado, 10 de junio de 2017

Literatura breve

Dicen las lenguas populares que "lo bueno, si breve, dos veces bueno". Partiendo de esta premisa, hoy os traemos una breve recopilación de literatura breve.

Disfruten.


Me dicen:
tienes la vida por delante.
Pero yo miro
y no veo nada.

- Alejandra Pizarnik.


Dos lujos tengo para abstraerme en mis paseos: tu hermosura y la hora de mi muerte.

- John Keats (a Fanny Brawne).


Después de haber comido entrambos doce nécoras,
alguien dijo a Pilatos:
                               —¿Y qué hacemos ahora?
Él vaciló un instante y respondía
(educado, distante, indiferente):
—Chico, tú haz lo que quieras.
                                    Yo me lavo las manos.

- Ángel González, "Final conocido".


Callan las cuerdas.
La música sabía
lo que yo siento.

- Jorge Luis Borges, La cifra.


No sé con qué decirlo,
porque aún no está hecha
mi callada palabra.

- Juan Ramón Jiménez, Cancioncillas intelectuales.


De haber sabido 
que de mí 
iba a hacerse este silencio, 
ni un quejido, 
ni una broma, 
ni un suspiro.

- Carolina Broner.


¿Qué me copiaste en ti,
que cuando falta en mí
la imagen de la cima,
corro a mirarme en ti?

- Juan Ramón Jiménez, "Agua mujer".

miércoles, 15 de febrero de 2017

Ángel González


Existen poetas indispensables ya no para la historia de la literatura o las letras, sino para la vida en sí misma. Uno de esos poetas indispensables es Ángel González Muñiz, Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 1985 y autor de numerosas obras poéticas, como Áspero mundo (1956) y ensayos, como Juan Ramón Jiménez (1973).

La poesía de Ángel González se caracteriza por su sencillez, por la manera tan humana y efusiva que tiene de decir las cosas. Un claro ejemplo de ello es "Me basta así", poema con el que nos despedimos por hoy y os animamos a leer más de él.


Si yo fuese Dios 
y tuviese el secreto, 
haría un ser exacto a ti; 
lo probaría 
(a la manera de los panaderos 
cuando prueban el pan, es decir: 
con la boca), 
y si ese sabor fuese 
igual al tuyo, o sea 
tu mismo olor, y tu manera 
de sonreír, 
y de guardar silencio, 
y de estrechar mi mano estrictamente, 
y de besarnos sin hacernos daño 
—de esto sí estoy seguro: pongo 
tanta atención cuando te beso—; 
                                entonces,

si yo fuese Dios, 
podría repetirte y repetirte, 
siempre la misma y siempre diferente, 
sin cansarme jamás del juego idéntico, 
sin desdeñar tampoco la que fuiste 
por la que ibas a ser dentro de nada; 
ya no sé si me explico, pero quiero 
aclarar que si yo fuese 
Dios, haría 
lo posible por ser Ángel González 
para quererte tal como te quiero, 
para aguardar con calma 
a que te crees tú misma cada día 
a que sorprendas todas las mañanas 
la luz recién nacida con tu propia 
luz, y corras 
la cortina impalpable que separa 
el sueño de la vida, 
resucitándome con tu palabra, 
Lázaro alegre, 
yo, 
mojado todavía 
de sombras y pereza, 
sorprendido y absorto 
en la contemplación de todo aquello 
que, en unión de mí mismo, 
recuperas y salvas, mueves, dejas 
abandonado cuando —luego— callas... 
(Escucho tu silencio. 
                    Oigo 
constelaciones: existes. 
                        Creo en ti. 
                                    Eres. 
                                          Me basta).

miércoles, 10 de agosto de 2016

Cuando la poesía se hace canción

¿Acaso no es maravilloso cuando la música y la poesía se juntan? Dos artes magníficas en perfecta armonía. Tal es el caso de hoy.

Pedro Guerra, cantautor español y Ángel González, también español, pero poeta, mano a mano, voz a voz, haciéndonos felices a los ciuadadanos de a pie. No podía ser más perfecto... ¿o sí?

lunes, 25 de julio de 2016

Grandes preguntas, grandes poetas

Quizás las grandes preguntas no necesiten de una gran respuesta; quizás no necesiten ni respuesta. Pero la gran pregunta que planteamos hoy viene de manos de un grande, que fue Ángel González, poeta más que recomendado.

No se coman mucho la cabeza.