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domingo, 27 de septiembre de 2020

Ringo Starr y el country

De George Harrison siempre se ha dicho que fue el beatle infravalorado. Con el tiempo se le ha acabado reconociendo como músico y artista indispensable. Pero ¿qué pasa con Ringo Starr? Al menos en los años que llevo como beatlemaníaco lo único que he llegado a escuchar son sus infravaloradas dotes como baterista. Ahora bien, tanto uno como otro, así como los propios Lennon y McCartney, tuvieron existosas carreras en solitario.

Quizás la de Ringo no sea tan obnubilante como la de sus compañeros, pero llegó a grabar álbumes espléndidos como Ringo (1973) y Sentimental Journey (1970), en el que versionaba clásicos del jazz de la década de 1930. Y si bien la mayor parte de su discografía no es de su autoría, es innegable el hecho de que ha sido indispensable para que tales canciones llegaran a escribirse.

Así, hoy hablaremos brevemente de Beaucoups of Blues (1970), su segundo disco en solitario.

Por aquel entonces se encontraba grabando el mítico All Things Must Pass de su mencionado amigo George Harrison, cuando conoció a Peter Drake, productor que había trabajado con el mismísimo Elvis y Bob Dylan, por mencionar algunos.

"Estaba trabajando con George en su primer álbum en Abbey Road y trajo a Peter Drake para tocar el pedal steel desde Nashville. Mandé mi coche para que recogiera a Drake en el aeropuerto y se sorprendió de la cantidad de cintas que encontró en mi coche sobre música country junto a rock and roll y más discos. Siempre me gustó la música country. Como Liverpool era un puerto, entraba mucha música de Estados Unidos y se convirtió la capital de la música country en Inglaterra".

Vaya, que ni tan siquiera fue idea del propio Ringo grabar el álbum. El caso es que Peter Drake mandó llamar a una serie de compositores de música country para que escribiesen canciones específicamente para ese álbum. Y así nació un poco de blues.

En fin, que muchísimas gracias por regalarnos esta joya, querido Ringo.




Softly I search my mem'rys
and hope I may find yesterday.

And just like her, my thoughts wander
and like her quietly slip away.

Love brings out the weakness in a man
and I'm so weak I just can't stand
to be without her.

There was a time she walked with me,
but yesterday comes only one time.

And I can see a tomorrow
with yesterday cling to my mind.

Time will take her memory they say,
but it gets harder ev'ry day,
to live without her.


Fuentes: https://es.wikipedia.org/wiki/Beaucoups_of_Blues

jueves, 1 de junio de 2017

Paul McCartney: beatle, pirata y "corazón solitario"

(Los Beatles en una sesión de grabación para el Sgt. Pepper's).

NOTA: Sirva esta entrada como homenaje a los Beatles.

Son hoy dos los motivos que me llevan a publicar esta entrada: el primero, el estreno mundial de Pirates of the Caribbean: Dead Men Tell No Tales ("Piratas del Caribe: La Venganza de Salazar"); y el segundo, el 50 aniversario del Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band, el octavo álbum de los archiconocidos Beatles. Me remitiré al primero.

Una película de tal calibre exige, cuanto menos, alguna colaboración emblemática. En 2007, con el estreno de Pirates of the Caribbean: At World's End ("Piratas del Caribe: En el Fin del Mundo"), contaron con el cameo del rolling stone Keith Richards, a quien Johnny Depp tomó como inspiración para la interpretación del pirata más conocido de todos los tiempos: Jack Sparrow. Así, y sin querer perder el nivel que ofrecieron entonces, el personaje escogido para esta ocasión fue el del beatle Paul McCarntney (como ven, incluso en la pantalla siguen los enfrentamientos Rolling Stones - Beatles).

Por cierto: adivinen qué canción anda cantando Paul cuando aparece.


Al parecer, contaban con Keith Richards para la quinta entrega de la franquicia, llegando incluso a tener su escena escrita, pero por problemas de agenda no pudo acudir al rodaje en Australia. Así que Johnny Depp, sin pensárselo dos veces, le escribió con su teléfono móvil un mensaje a Sir Paul McCartney. Y el resto es historia.

Aprovechando tal ocasión, quisiera dejaros una preciosa y emotiva canción que dicho beatle escribió para Johnn Lennon, incluida en su álbum de 1982 "Tug of War".

Espero que os guste.


Y si dijera
que en realidad te conocía muy bien,
¿cuál hubiera sido tu respuesta?

Si estuvieras aquí hoy...

bueno, conociéndote,
probablemente te reirías
y dirías que éramos de mundos distintos.

Si estuvieras aquí hoy...

En cuanto a mí,
aún recuerdo cómo era antes
y ya no puedo contener más
las lágrimas.

No.

Te amo.

¿Qué hay del tiempo
en que nos conocimos?

Bueno, supongo que podrías
decir que nos hacíamos
los difíciles.

No entendíamos nada,
pero siempre pudimos cantar.

¿Qué hay de la noche cuando lloramos?

Porque no había ninguna razón
para guardarlo todo dentro.

Nunca entendimos una palabra,
pero siempre estuviste allí
con una sonrisa.

Y si dijera
que realmente te amé
y estaba contento de que
hubieras llegado,
entonces estarías hoy aquí.

Pero estuviste en mi canción.

Aquí hoy.

domingo, 9 de octubre de 2016

Los Beatles y García Márquez

Por muchos es sabida mi afición a los Beatles y García Márquez. Pero si juntamos estas dos variables en una sola, a uno no le salen las palabras. Y como ayer, 8 de octubre, fue -o sería- el septuagésimo cumpleaños del inolvidable John Lennon, la entrada de hoy trata de todos estos elementos que, como ahora veremos, algo tenían en común.

Y es que, el 17 de abril de 2014, moría Gabriel García Márquez y fue también ese mismo día que se dio a conocer un texto suyo en el que hablaba de la archiconocida banda de Liverpool. Hasta las cartas que escribía son verdaderas joyas de arte. Ahí va:

"Así es: la única nostalgia común que uno tiene con sus hijos son las canciones de los Beatles. Cada quien por motivos distintos, desde luego, y con un dolor distinto, como ocurre siempre con la poesía. Yo no olvidaré aquel día memorable de 1963, en México, cuando oí por primera vez de un modo consciente una canción de los Beatles. A partir de entonces descubrí que el universo estaba contaminado por ellos. En nuestra casa de San Ángel, donde apenas si teníamos donde sentarnos, había solo dos discos: una selección de preludios de Debussy y el primer disco de los Beatles.

Por toda la ciudad, a toda hora, se escuchaba un grito de muchedumbres; "Help, I need somebody”. Alguien volvió a plantear por esa época el viejo tema de que los músicos mejores son los de la segunda letra del catálogo: Bach, Beethoven, Brahms y Bartok. Alguien volvió a decir la misma tontería de siempre: que se incluyera a Bosart. Alvaro Mutis, que como todo gran erudito de la música tiene una debilidad irremediable por los ladrillos sinfónicos, insistía en incluir a Bruckner. Otro trataba de repetir otra vez la batalla a favor de Berlioz, que yo libraba en contra porque no podía superar la superstición de que es oiseau de malheur, es decir, pájaro de mal agüero. En cambio, me empeñé, desde entonces, en incluir a los Beatles. Emilio García Riera, que estaba de acuerdo conmigo y que es un critico e historiador de cine con una lucidez un poco sobrenatural, sobre todo después del segundo trago, me dijo por esos días: “Oigo a los Beatles con un cierto miedo, porque siento que me voy a acordar de ellos por todo el resto de mi vida”. Es el único caso que conozco de alguien con bastante clarividencia para darse cuenta de que estaba viviendo el nacimiento de sus nostalgias. Uno entraba entonces en el estudio de Carlos Fuentes, y lo encontraba escribiendo a máquina con un solo dedo de una sola mano, como lo ha hecho siempre, en medio de una densa nube de humo y aislado de los horrores del universo con la música de los Beatles a todo volumen.

Esta tarde, pensando todo esto frente a una ventana lúgubre donde cae la nieve, con mas de cincuenta años encima y todavía sin saber muy bien quién soy, ni que carajos hago aquí, tengo la impresión de que el mundo fue igual desde mi nacimiento hasta que los Beatles empezaron a cantar. Todo cambio entonces. Los hombres se dejaron crecer el cabello y la barba, las mujeres aprendieron a desnudarse con naturalidad, cambió el modo de vestir y de amar, y se inicio la liberación del sexo y otras drogas para soñar.

Fueron los años fragorosos de la guerra de Vietnam y la rebelión universitaria. Pero, sobre todo, fue el duro aprendizaje de una relación distinta entre los padres e hijos, el principio de un nuevo diálogo entre ellos que había parecido imposible durante siglos".