martes, 8 de enero de 2019

Mujeres poetas y su paso por la historia

Desde Mary Shelley hasta J.K. Rowling; desde Jane Austen hasta Rosalía de Castro. Muchas son las mujeres que hubieron de encontrar un seudónimo con el que poder publicar sus obras debido, como no podía ser de otra manera, a la tan recurrente supremacía masculina.

Ya lo dijo Virginia Woolf: “Pasará mucho tiempo antes de que una mujer pueda sentarse a escribir sin que surja un fantasma que debe ser asesinado”.

Partiendo de esta premisa, es decir, del merecido reconocimiento que muchas escritoras echan en falta, hoy traemos una compilación de cinco mujeres poetas que, muy posiblemente, no sean conocidas más allá de los límites territoriales de su país. Al menos no tanto como uno quisiera.


Blaga Dimitrova (Bulgaria, 1922 - 2003)



Impaciencia

El ser humano es impaciencia.
Nace empujando hacia el día
a través de la herida materna.
Y toda la vida lo empuja
su propia circulación sanguínea,
que corra, que no llegue tarde,
que alcance cuanto antes
el límite.
Y todo él sofoco, destrozado,
una herida total,
impaciente con su última impaciencia
se atraviesa a sí mismo, dirigido
hacia la ensordecida noche del más allá.

¿Por qué es tan impaciente?
¿Quién, aún más impaciente, lo llama?

- 1976.


Ernestina de Champourcín (España, 1905 - 1999)



Carta al vacío

Es escribir a alguien
o lanzarse al silencio,
a nadar en lo oscuro,
a encender una llama
aunque ahoguen las dudas.
¿Carta a lo que no existe?
Hay buzones alados
que se disparan solos
y un correo sin pistas
ni trayecto seguro.

Eludir el camino
que todos conocemos.
Seguir hacia adelante
ruta de los que intentan
lo que nunca pensaron
y se sienten felices
porque hay algo distinto,
porque se desvanece
de pronto lo que sobra
y no existe el vacío
si queremos colmarlo.


Anna Ajmátova (Rusia, 1889 - 1966)


Cuando escuches el trueno me recordarás
y tal vez pienses que amaba la tormenta...
El rayado del cielo se verá fuertemente carmesí
y el corazón, como entonces, estará en el fuego.

Esto sucederá un día en Moscú
cuando abandone la ciudad para siempre
y me precipite hacia el puerto deseado
dejando entre ustedes apenas mi sombra.


Maria Firmina dos Reis (Brasil, 1825 - 1917)


¡Ah! No puedo

Si una frase se pudiera
de mi pecho destacar;
una frase misteriosa
como el gemido del mar,
en la noche erma, y ​​sana,
de dulce, y dulce de luna.
¡Ah! ¡Si pudiera...! Pero callo.
¡Soy, por ley, lo que me impone Dios!
Esta frase maga encierra,
resume los afectos míos;
expresa el goce de los ángeles,
extremos puros de los cielos.

Sin embargo, ella es mi sueño,
mi ideal aún es ella;
menos la vida yo la amaría,
aunque fuera bella,
como un apasionado diamante
bajo finísima pantalla.

Si hablas con ella dile que es mi empeño,
reprimirla es mi deber:
si se escapa de mis labios,
¡oh, Dios, hazme morir!,
que yo pronunciándola no puedo
más sobre la tierra vivir.


Sophia de Mello Breyner (Portugal, 1919 - 2004)


Las tres Parcas

Las tres Parcas que tejen los errados
caminos donde riendo traicionamos
el puro tiempo a doonde jamás llegamos.
Las tres Parcas conocen malos hados.

Por nosotros esperan en cambiados
caminos donde ciegos nos cambiamos
por alguien que no somos ni amamos,
pero presos nos lleva y dominados.

Y nunca más el dulce viento aéreo
nos llevará al mundo deseado
y nunca más el rostro del misterio

será nuestro rostro conquistado
ni nos darán los dioses el imperio

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